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Pambiblia.

2. Llamamos Pambiblia al conjunto de los libros destinados a la educación universal y compuestos conforme a las leyes de este método universal. ¿Bibliotecas llenas? La gente piensa que para que alguien se vuelva sabio debe leer multitud de libros y como no es posible tenerlos en esa cantidad, piensan también que los sabios han de ser pocos. Dios en cambio no nos dio más que tres libros y con ellos basta para todo: el mundo, lleno de cosas, a nuestro alrededor; la mente, llena de razón, dentro de nosotros; la Revelación, hecha con palabras y contenida en las escrituras. De ello dijo sabiamente el Eclesiastés : ‘La fuente de la sabiduría es el Verbo de Dios en los cielos’ (cap. 1, 5). Verbo de Dios que es triple, pensamiento, dichos y hechos. Los hechos de Dios son las obras de Dios, esto es, este mundo lleno de criaturas. Los dichos de Dios son los libros divinamente inspirados o dictados. Los pensamientos de Dios son los actos de nuestra alma, creada a imagen divina y en la que resplandece una copia de su arquetipo. Estos tres libros son llamados la Fuente de la Sabiduría porque en comparación con ellos, los demás libros humanos, aún los mejores, no son sino arroyuelos que recogen gotas de lluvia y fluyen de vez en cuando y por alguna parte nada más. (…)

3. (…) Los que todavía marchan por el camino, necesitan de ciertos libros que les informen y que constituyan una introducción a esta completa biblioteca de Dios, y de los cuales, y cómo han de escribirse vamos a tratar ahora. La primera y principal condición es que respondan directa y plenamente al fin de la verdadera educación humana.

4. Directamente para que, conducidos por ellos, no haya quien se aparte de su fin o sea impedido de llegar a él. (…)

5. Plenamente para que nadie que marche por este camino pueda perjudicar su propio bien, sea en esta vida, sea en relación a la futura. (…)

6. Llanamente. Para que este camino no sea inaccesible a nadie. Para conseguirlo procúrese que estos libros escolares sean pocos y brves. Que no asustenm por su número y por su tamaño, aunque no les falte nada de lo necesario, tampoco sobrecargados por cosas superfluas. En segundo lugar, debe emplearse un método atrayente, siempre con atractivos nuevos y con una luz continua, y sin aburrir con repeticiones y exposiciones obscuras. En tercer lugar, deben exponer la verdad tan clara y sólidamente que cualquier hombre se dé cuenta que son verdaderas claves para entender los libros de Dios y que explican todas las cosas allí contenidas. Explicaremos algo sobre cada uno de estos requisitos.

7. Los libros deben ser pocos, paar que su número no suste; pero deben ser varios y distintos entre sí. A Saber, diferentes según las distintas edades por las que va pasando el hombre gradualmente desde su cuna hasta el punto más elevado de su vida. Así como las edades no transcurren de dos en dos sino que la una va después de la otra, así, los deberes que hay que hacer hay que distribuirlos adecuadamente a cada edad para que no haya cosas imposibles. Los que quieren subir a la vez dos o tres peldaños o pararse al mismo tiempo en varios escalones de una escalera, se formarán un lío con sus ojos, manos y pies, su mente será tomada por el vértigo y terminarán cayéndose.

8. ¿Cúantos han de ser los libros? Tantos como cuantos sean las clases de las edades y sus diversas finalidades educativas, coordinadas entre sí. Una clase escolar es un conjunto de alumnos que, en los mismos estudios, alcanzan los mismos resultados, a fin de que, imbuidos al mismo tiempo por las mismas enseñanzas y activados por los mismos ejercicios, puedan con mutua emulación progresar más fácilmente. Pero en una misma clase, las necesidades de los estudios exigen también que se constituyan varios grados, de los cuales son importantes tres: I. de los principiantes, II. de los adelantados, III. de los que vayan llegando a la perfección.

9. Aunque los libros sean numerosos, eso no impide que sean breves, lo cual es posible si no contienen absolutamente nada más que aquello que sea digno de la verdad que se investiga y necesario para esta vida o la futura, dejando de lado las cosas curiosas, y controvertidas y las minucias. Porque ni a nosotros compete solucionar los pleitos ni es conveniente oprimir el entendimiento de la juventud con cosas controvertidas que pueden ser defendidas en un sentido o en otro. Interesa ante todo saber aquellas cosas que se pueden saber con certeza, en las cuales no hay ambigüedades o dudas que puedan confundir a los ingenios, de forma que desde la primera edad sepan apoyarse en cosas ciertas, que serán la base de la prudencia durante toda la vida (…) Y si después hubiera alguno que quisiera conocer también las cosas probables y ser esclarecido en cada una de las posibles soluciones de las cosas discutibles, ha de abrirse al campo de todos los autores; a través de las puertas de las escuelas, entrará el conocimiento de la lengua, de las cosas y de los razonamientos humanos (…).

10. Todavía tenemos otra razón que justifica esta brevedad, a saber, lo importante que es para la lucidez y la solidez del juicio sobre las cosas. En efecto, los libros de las escuelas pueden ser escritos de tal modo que el mismo texto tenga todo lo necesario para los que comienzan, para los que van adelantados y para los que están en el nivel más alto, sin tener que publicar aparte las nociones elementales o sin añadir a continuación los nuevos elementos; ni tampoco indicaciones de sumarios ni notas marginales. Esto se conseguirá si en el mismo texto y con distintos caracteres se va escribiendo lo que han de leer y aprender de memoria los que comienzan, que puede ir con letras mayúsculas; lo destinado a los que van adelantando, con caracterres antiguos, y con letra cursiva lo que va destinado a los más adelantados. Un ejemplo: DIOS, aquel principio sin principio y fuente de todas las esencias, queriendo manifestar su majestad de infinito poder, sabiduría y bondad, CREO de la nada y adornó con hermosísimas formas de infinita variedad esteMUNDO visible, como amenísimo espectáculo de su eterna belleza, riqueza y suavidad.Mándese al principiante que lea lo que está escrito con letra mayúscula y así conocerá lo fundamental del pensamiento contenido en esta frase: DIOS CREO EL MUNDO. Mándese al que ya va más adelantado que lea lo mismo añadiendo lo que está escrito con caracteres antiguos y le da ya una sentencia más amplia, que es la siguiente: DIOS, queriendo manifestar su majestad de infinito poder, sabiduría y bondad, creó de la nada este mundo visible. Finalmente, leyendo todo, encontrarán la doctrina completa.

11. Así deben de escribirse los libros escolares (inclusive el mismo Manual Bíblico), y debe hacerse por varias causas. Primero, porque un conocimiento vago de las cosas debe preceder a una idea más clara y a la explicacióm completa de los asuntos lo cual, con este método, daremos siempre ocasión. Algunos suelen poner delante del capítulo un sumario o repartirlo por los márgenes; pero este resumen, en nuestro caso, además de evitar la repetición, es más elegante. En segundo lugar ahorraremos papel y disminuiremos el volumen de los libros si omitimos las anotaciones en los espacios marginales. Tercero, el juicio de los lectores, sobre todo de los más jóvenes, podrá agudizarse sobre lo que hay de esencial en lo escrito (y por tanto en las cosas y en los conceptos de las cosas) y que es lo explicativo o para adornar.

12. Todos los libros serán graduados, bien ordenados, ya mutuamente entre sí, ya cada uno en sí mismo. De forma que las consecuencias nacerán de lo que precede, del mismo modo que, en los árboles toda rama nueva, toda hoja, toda flor, todo fruto, nace de la semilla. Podrá decirse de estos libros lo que se dijo una vez: ‘nuestros libros no tienen necesidad ni de juez ni de abogado defensor, les basta su propio orden y luz’.

13. Lo primero que hay que observar es que todos estos libros estén ecritos con un método extremadamente claro, para que, explicados, no solamente puedan ser entendidos fácilmente sino que incluso fuera de la escuela, sirvan para los autodidactas. Es decir, aquel, si existe, que no pudiera sistir a las escuelas públicas, se baste con ellos para que con su propia habilidad (adquirida sólo mediante lectura) pueda compensar las daños y alcanzar los objetivos, penetrando en todas las cosas. De este modo podríamos conseguir que entre las personas que han aprendido por sí solas y las que han asistido a las escuelas públicas no haya otra diferencia , sino que estas últimas estén más seguras de su ciencia y más ejercitadas, en tanto que las primeras podrán tener alguna duda sobre ciertos puntos, pero en cambio todas coincidirán en no ignorar nada que les sea necesario.

14. Contribuirá mucho al éxito el que tales libros estén escritos bellamente y en forma dialogada. Pues si es verdad lo que, según nos cuenta Platón, afirmara Trasímaco: ‘es más fácil preguntar que responder’, con ello tenemos un camino fácil para aprender y para enseñar. Acostúmbrese a todos, por tanto, a preguntar sabiamente y a contestar del mismo modo a lo preguntado, lo mismo si fuese a los maestros que los alumnos. Acostúmbrese cada uno, lo mismo al enseñar que al ser examinado, a repartirse ambos papeles, y una vez que todos hayan aprendido contestar y preguntar prudentemente, ya serán sabios.

15. Así conseguiremos que los libros escolares, en vez de ser depósitos de ciencia de erudición y de sabiduría (como hasta ahora se estaba habituado a decir) sean medios de comunicación, túneles y canales, a través de los cuales llegue al alma de quien los leyere, lo que mana de aquel triple libro de la sabiduría divina. El trabajo escolar de profesores y alumnos no puede consistir más que en hacer fluir la luz de los libros lúcidos a la mente lúcida.

16. En resumen, todo libro actual debe ser (y principalmente los escolares) todo él pansófico, enteramente pampédico, enteramente panglótico, enteramente panortótico. Pansófico: esto es, transmisor de la médula de una sabiduría plena, más o menos intensamente según el grado. Pampédico, capaz de transmitir todo a todos, también según su grado. Panglótico, esto es, traducible a todas las lenguas dada la facilidad de su estilo simple y fácil. Panortótico, ciertamente útil para prevenir y enmendar la corrupción de las cosas, repitámoslo otra vez, teniendo en cuenta el lugar y el modo.

17. ¿Cómo conseguirlo? Contesto: componiendo libros destinados a reformar el mundo, esto es, la Pansofía, la Pampedia, la Panglotia, la Panortosia. Separando en los libros pansófísicos lo verdadero de lo falso; en los pampédicos, lo ventajoso de lo inútil; en los panglótico lo claro de lo oscuro; para que lo que es valioso permanezca siempre y lo defectuoso sea eliminado.

18. Hay que dictar leyes especiales sobre el modo de escribir los libros, leyes que habrán de ser observadas mismo por los Colegios de la luz que por los otros que quieran dedicarse a ello de aquí en adelante. Estas leyes son las doce siguientes:.

En este sigilo y iluminado hay que tratar, no de multiplicar los libros, sino desterrar los malos, desautorizar los inútiles, y sintetizar los buenos (…).
Sin embargo, si alguien se empeña en escribir, que escriba con esta condición: que escriba y no copie. (…) En nuestra época hay un número de espigadores de tierra ajena y por eso abundan tantos libros que no aportan ni dicen nada. Hay que impedirlo decididamente, porque tal cosa no sirve más que para entorpecer y confundir los ingenios.
Quien escriba, escriba un libro, y no una manta de retales (centón). Debe también de abolirse la costumbre, introducida por la pusilanimidad y el afán de lucir, de citar autores a propósito de todo. Quien así procede o teme no ser creído o no ser apreciado si no se apoya en grandes testimonios; otros quieren demostrar que han leído mucho. Ocurre entonces que cargan de citas, no sólo los pensamientos sino las frases, y hasta las mismas palabras, con lo cual aburren al lector y complican una cosa que pudiera ser sencilla. Mándese que las citas se coloquen al final, pues lo que hay que colocar ante los ojos son las cosas, no las opiniones acerca de las cosas. Si ciertas expresiones fuesen elegantes, adóptense como patrimonio común, y si interesa saber de quién son, déjese para el índice gnomológico, editado aparte para que el lugar donde el lector busca esencial no se encuentre perturbado por circunloquios. (…)
No se publique nada que no aporte algo nuevo o al menos algunas observaciones nuevas, sobre las conocidas, y que sirvan para desentrañar mejor los misterios o para facilitar su aplicación a fines útiles. Desaparezca la manía de editar libros sobre lo ya conocido (o, lo que es lo mismo, cocinar la gamba ya cocida). Y si alguno intentase cambiar apenas estilo de mi libro y vender lo ajeno por propio, táchesele de plagiario; sea ridiculizado como aquel cocinero de Plauto que volvía a cocinar lo que otro cocinero antes había preparado.
Quienquiera que tenga que comunicar al mundo algo nuevo, o tuviese algo que decir sobre las cosas ya descubiertas, déselo a conocer al mundo lisamente y sin mezclar con cosas ya sabidas. Acabemos con la costumbre de editar un libro nuevo cuando no se tiene que decir más que una sola cosa nueva. (…)
No se edite nada que no contribuya a aumentar la luz o las ventajas de la humanidad. Que quede bien claro que lo que se está procurando es investigar lo desconocido, ordenar lo confuso, consolidar lo vacilante y, en una palabra, librar al hombre de la oscuridad, de la ignorancia y del vértigo de las dudas, llevándole al fulgor, a la amenidad y a la fortaleza de la luz.
Nada se escriba, nada se edite a no ser que sea fruto de la verdad comprobada y de utilidad cierta. (…) Los errores de los grandes hombres suelen arrastrar a otros muchos. Hay pues, que procurar que si se comprobase que se ha vendido lo falso por verdadero, el castigo sea una verdadera deshonra pública.
Los nuevos libros deben escribirse con un método matemático: no se escriba discutiendo sino demostrando. (…) Si alguna cosa no puede ser escrita de esta manera, no se escriba afirmando o negando, sino presentando las cosas como problemáticas; investigando sinceramente la verdad que puede haber en uno u otro sentido y exponiendo, también con sinceridad, los argumentos que pueden inclinar hacia cada una de ellas, pero suspendiendo todavía el asentimiento o dejando libres a los otros y despabilando su sagacidad para una más completa investigación de las cosas. (…)
Que no se permita a nadie que, por causa de la precipitación, haga de un libro un aborto, sino que acostúmbrense todos a hacer y rehacer y, como si estuviesen lamiendo, escribir y reescribir todo lo suyo hasta que, una vez editado, cada libro repita la norma de Policleto. Las cosas nacidas deprisa, deprisa perecen; lo elaborado pacientemente y con exactitud resiste al tiempo. (…)
No se publique ningún libro voluminosos sin índice. Un libro sin índice es como una casa sin ventanas, como un cuerpo sin ojos, como un patrimonio sin inventario, cuya utilización no está al alcance de la mano. (…)
Los libros nuevos, sean los que fueren, tienen que ser llaves e introducciones a los libros de Dios, esto es, a la naturaleza, a la Sagrada Escritura, y al taller del propio raciocinio. Hay que conseguir que los hombres lleguen a ser instruidos directamente por Dios sin tener necesidad de ser enseñados o amonestados por los otros hombres. (…)
No se edite ningún libro sin que lo sepa y sin haber consultado a los Colegios de la Luz. Nada se escriba acerca de asuntos pertenecientes a la Iglesia o al Estado, sin antes oír a los teólogos o a los políticos. (…)

20. Con el mayor cuidado, los Colegios de la Luz procurarán imprimir libros de carácter universal: una Pancosmografía, una Pancronología, una Panhistoria, una Pandogmatia, una Pansofía, igualmente, comentarios Pan-harmónicos (sinópticos) sobre los libros de Dios, con una Puerta de la Lengua Hebraica para poder traducir a nuestra lengua a los profetas y una Puerta de la Lengua Griega para poder hacerlo con los apóstoles. Finalmente una Pangnómica perfecta y una Explicación Universal de los Puntos Difíciles y una Eliminación de los Errores y, cualquier otra cosa que se vea necesaria según la época. (…)

24. La Pandogmatia describirá las opiniones de las distintas gentes y principalmente de los hombres importantes acerca de las cosas (…) Habría que enseñar todo lo que el ingenio humano ha producido sin que se nos escape ningún ingenio ni ningún libro, fuere del tiempo que fuere y de cualquier nacionalidad, bien de filosofía, medicina o teología. Habría que corregir y discutir sus doctrinas, examinándolas en el crisol de la verdad, para recoger y juntar en un solo cuerpo la verdad de las cosas dispersa por todas partes. Y como quiera que todos los errores se fundan en una verdad (el error no es más que una verdad no percibida rectamente) descubierto y eliminado el error, lo que resta será la verdad que debe ser añadida al tesoro común y armónico. (…)

28. El comentario universal sobre los libros de Dios (el mundo, la mente y la Sagrada Escritura), comprende tres partes, cada una de ellas, a su vez, dividida en otras tres partes. La explicación:

I. Del mundo: 1. Por medio del propio mundo, la naturaleza por medio de la naturaleza. 2. Por medio de la razón, es decir, por medio de las ideas de las cosas que están colocadas en nuestra mente, que deber responder a la realidad de la que son testigo. 3. Por medio de la Sagrada Escritura que prueba que todo fue decretado y destinado por el querer de Dios, como vemos que fectivamente acontece.
II. Del entendimiento: 1. Por medio de la comparación de ideas. 2. Por medio de la demostración sensible de todas las cosas que la mente dicta. 3. Por medio del testimonio de las Sagradas Escrituras.
III. De la Sagrada Escritura: 1. Por medio de las propias Sagradas Escrituras que están entre sí en armonía. 2. Los argumentos deducidos y dados por ley natural. 3. La demostración de la verdad hecha por los sentidos. (…)

Escuela de la Infancia en la Casa Materna.

(…) En el último año de la escuela infantil póngasele en las manos [al alumno] dos libros con figuras.

1. El Lucidario conteniendo cosas de la experiencia de todos los días, familiares, con una inscripción explicativa; conteniendo sobre todo el alfabeto vivo.
2. Un Manual Bíblico, conteniendo las principales historias de los libros sagrados o de toda la escritura.

Hay que prestar atención a dos cosas:

1. Que no se les entreguen los dos libros a la vez sino separadamente, uno cada semestre.
2. Que estos libros no se dejen al arbitrio de los niños, sino que se les entreguen en determinadas horas, antes y después de comer, para que ni los estropeen, ni usándolos demasiado, les lleguen a aburrir. (…)

La Escuela Infantil.

(…) El objetivo y el fin de esta escuela debe ser adquirir agilidad para el cuerpo, para los sentidos y para el ingenio, esto es:

1. Consolidar la actividad del sistema motor, incluso la de los ojos, para leer rápidamente las letras; de la lengua, para pronunciar rápidamente las cosas leídas; y las manos, para escribir y dibujar rápidamente.
2. Llénense de objetos todos los sentidos (los sentidos externos e internos, la imaginación y la memoria) para poder adquirir conocimiento de la existencia de las cosas de todo el universo.
3. Iniciar el uso de la razón a través de los primeros elementos de las artes (aritmética, música, etc.), de los rudimentos de la prudencia (buenas costumbres) y los fundamentos de la piedad. (…)
Los medios para alcanzar estos objetivos serán seis clases, cada una con su programa, compendiado en un libro. Estas clases serán:
I. Estrella de las letras (Tirocinium literarium).
II. El orbe de los sentidos (Orbis sensualium; Lucidarium).
III. Ética infantil, inferida de las cosas sensibles y del análisis de la naturaleza humana.
IV. Epítome de la Historia bíblica.
V. Médula Bíblica, que contenga, de manera sencillísima, un resumen de las cosas que hay que creer, hacer y esperar.
VI. Colección de adivinanzas (Sphinx puerilis) (Hirnschleifer).
1. Los libros destinados a esta escuela deben ser elaborados, todos y cada uno de ellos de modo que: 1. preparen el camino a aquellos que han de ingresar más tarde en la escuela de latín y preparen para la vida a aquellos que van a seguir con algún oficio; 2. ya frecuenten todas las clases de esta escuela de lengua materna, ya frecuenten apenas algunas, que de ellas saquen un fruto proporcionado a la clase frecuentada una vez que saben leer (desde la primera clase); 3. aquel que no frecuenta la escuela pública, pueda aprender de alguien las primeras letras y, después, por su propio esfuerzo, penetrar en las otras disciplinas.
2. Esto ocurrirá si los libros, todos y cada uno de ellos, fueran: 1. Universales, es decir, conteniendo toda la materia; 2. Metódicos, haciendo avanzar a la inteligencia espontáneamente, progresivamente; 3. adornados con figuras, símbolos intercalados en el texto, y con otras cosas atrayentes y agradables; 4. que estos libros tengan nombres extraídos de la jardinería como Plantarium, Seminarium, Violarium, Viridarium y Paradisus (plantario, semillero, violario, rosaleda, paraíso) y que en la portada de cada ejemplar se ponga la imagen o el diseño de las raíces, el sembrador, la violeta, las rosas del jardín y que los títulos correspondan a la materia contenida en los libros, de modo que: 1. el Plantarium contenga el alfabeto, silabario o vocabulario, los números y pequeñas advertencias; 2. el Seminarium, contenga un epítome de todas las cosas (es decir, de toda la Pansofía); 3. el Violarium un epítome más amplio y más rico; 4. el Rosarium el análisis del mundo de la naturaleza (junto con la práctica); 5. el Viridarium, un análisis del espíritu, es decir, de las cosas artificiales y morales; 6. el Paradisus, un análisis de las Sagradas Escrituras y el compendio de sus doctrinas y prácticas: Fe, Esperanza y Caridad.
La razón de estos requisitos es la siguiente: 1. que los niños, cautivados por esta clase de títulos, se animen más fácilmente; 2. para que se entienda mejor su graduación y cada uno vea claramente qué hay que hacer.

3. Que los libros sean pocos, si hemos de librar al mundo del diluvio de libros que padece, hay que comenzar a librarlo inmediatamente desde la primera instrucción. Si el mundo debe ser iniciado en los libros divinos, que eso se haga desde los primeros grados de instrucción.

4. Que los programas contenidos en los libros sean de tal extensión que les ocupen cómodamente el tiempo de la infancia, de modo que no quede tiempo libre para vanidades y maldades.

5. Que estén llenos de sentencias selectísimas (tomadas de la Escritura y de otras obras) y de sentencias traducidas en la lengua vernácula. Es muy útil que los niños, desde sus más tiernos años, aprendan sentencias aunque sean mil. Es un consejo de Esquini a quien pertenecen las siguientes palabras: ‘Por lo tanto, mientras seamos niños aprendamos las sentencias de los poetas, para llevarlas a la práctica cuando seamos hombres’. De la misma opinión eran los padres según el testimonio del Eclesiástico, en el capítulo 39. Pero ¿de qué tipo son las sentencias que debemos aprender? 1. Elíjanse mil de las Sagradas Escrituras (para que todas las cosas vayan ordenadas con un número); 2. de la naturaleza, cien de los aforismos más elegantes; 3. de los salmos y de los aforismos, mil y dos mil; 4. de la vida moral, refranes, máximas, etc. Sería bueno que todas estas sentencias no fuesen acumuladas sino catalogadas según un cierto orden. A saber: 1. En un contexto racional, en diálogos y así tendríamos un texto continuo; 2. por orden alfabético, a manera de un índice, que serviría como anticipación de un diccionario; 3. podría ñadirse una pequeña gramática para que los niños comiencen a imitar.

6. Finalmente estos libros didácticos (como los otros intsrumentos artificiales), no deben ser para nosotros como los pies, sino como muletas para enderezar las pìernas, que sostienen y dirigen a aquellos que dan los primeros pasos, pero que una vez fortalecidos los pies, se tiran fuera. Del mismo modo nuestro ingenio, la mente, la voluntad, las manos y la lengua tienen necesidad de guías; pero hay que cuidar que no necesiten siempre esa dirección y que sean utilizadas de forma que, después, pueda prescindirse de ellas.
El método a seguir debe ser agradable, que todas las cosas se hagan siempre como un juego, mediante una constante: 1. autopsia (ver por sí); 2. autolexia (decir por sí); 3. autopraxia (hacer por sí); autochrestia (utilizar por sí) de manera que se permita a los propios niños: 1. ver, oír y tocar todo; 2. pronunciar, leer y escribir todo; 3. deshacer y hacer todo; 4. utilizar las cosas de la manera que son más útiles. (…)


Tomado de: COMENIUS (Jan Amós Komensky), Pampedia (Educación Universal), (Estudio preliminar y traducción de Federico Gómez Rodríguez de Castro), Madrid, UNED, 1992. (Primera edición en latín: 1657. La Pampaedia es el libro IV de Opera Didactica Omnia).