Preámbulo del Reglamento provisional de las escuelas públicas de instrucción primaria elemental, Madrid, en la Imprenta Nacional, año de 1838, pp. 6-7.
(…) los Maestros deben tener presente que el aprender a leer en el sentido que generalmente se ha dado hasta aquí, es la parte más subalterna de la instrucción que deben recibir los niños. Mientras no se les ha enseñado más que a repetir los sonidos que resultan de la diferente combinación y pronunciación de caracteres alfabéticos, o a emitir sonidos correspondientes a las figuras que tienen delante, apenas ha pasado la instrucción de material y mecánica, y no es esto lo que únicamente se exige de ellos. Ha pasado el tiempo en que el deber y el mérito de un Maestro consistían en dar a los niños volubilidad de lengua y facilidad o destreza para pronunciar palabras en el más breve término posible. Esta habilidad la adquieren todos sin grandes esfuerzos de Maestros ni discípulos; y cuando estos se encuentran en edad de fijar su atención con alguna perseverancia en un objeto determinado, no debe pasar de algunos meses el tiempo empleado en semejante ejercicio suponiendo mediana aplicación (…).
(…) Seguramente que no es esta enseñanza maquinal la que están llamados a desempeñar los Maestros en lo sucesivo. Se necesita que los niños adquieran en el libro que tienen a la vista mayor instrucción que la que resulta del conocimiento de la forma y posición de las letras; que el Maestro les vaya progresivamente informando de muchas cosas desde el momento en que conocen bastantes letras para la formación de palabras, aunque se compongan de una sola sílaba. Es preciso enseñarles a asociar los significados con los signos correspondientes; explicarles y darles a conocer estos significados hasta el punto de interesarlos e instruirles a la vez desde que comienzan a leer; proporcionándoles entre otras ventajas la inapreciable adquisición de un hábito permanente de atender siempre el significado de la palabra leída. Esta enseñanza en que están haciendo rápidos progresos en varias naciones, y que supone conocimientos no vulgares, habrá de ser obra del Maestro; no es susceptible de repasos domésticos entre las familias pobres, ni puede hacerse con precipitación.


