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El ideal anarquista, de Ramiro de Maeztu. 

(En: Ramiro de Maeztu, El imparcial, 28 de noviembre de 1901.)

(…) Estos libros, folletos y periódicos [anarquistas] no se leen de la manera que los otros, ni corren igual suerte. El libro burgués (aceptemos la palabreja) una vez leído pasa a la biblioteca, en donde suele dormir tranquilo hasta que los hijos lo descubren, si se vuelven curiosos al crecer. Pero el lector de las obras anarquistas, obrero por punto general, no tiene biblioteca ni compra los libros para sí solo. El firmante de este artículo ha presenciado la lectura de “La Conquista del Pan” en una casa obrera. En un cuarto que alumbraba quedamente una vela, se reunían todas las noches del invierno hasta catorce obreros. Leía uno de ellos trabajosamente, escuchaban los otros; cuando el lector hacía punto sólo el chisporroteo de la vela interrumpía el silencio. También ha presenciado la lectura de la Biblia en una familia puritana… La sensación ha sido idéntica en uno y otro caso.

            Lo propio debe decirse de la prensa. Se leen infinitamente mayor número de periódicos “burgueses”, pero en éstos la actualidad lo ocupa todo y como a la de hoy sucede la de mañana y nunca faltan actualidades en el Estado de tan accidentada vida como el nuestro, el interés que despiertan es puramente momentáneo. No sucede lo mismo con los periódicos anarquistas. Lo que hay de actualidad en ellos, referente casi siempre a constitución de sociedades obreras o a conflictos entre el capital y el trabajo, no ocupa sino la tercera o cuarta parte del número, y como lo restante se dedica a las cuestiones doctrinales, el ejemplar se guarda… y la influencia de estas publicaciones sobrevive a su muerte… Sé de muchas gentes que conservan la colección integra de sus números. ¿De cuántos semanarios se podría decir otro tanto? (…)